
La Catedral de Santiago de Compostela está considerada la obra cumbre de la arquitectura románica española. Allí se encuentran los restos del apóstol Santiago. Los restos del apóstol se descubrieron en esta ciudad a principios del siglo IX, y un siglo después se levantó la primera basílica, destruida por Almanzar. Y finalmente, en el 1075, con el obispo Diego Peláez se comenzó la construción del edificio actual, que finalizó entre los años 1122 y 1128
En este templo finaliza el Camino de Santiago, ruta de peregrinación establecida por los monjes de Cluny que se convirtió en uno de los focos culturales más importantes de la edad media europea. Durante el siglo X las condiciones para el desarrollo de la peregrinación compostelana fueron poco favorables, debido a la inseguridad del Camino y a la concentración de los afanes cristianos en la defensa frente al califato de Córdoba. Es a partir del siglo XI cuando se consolida plenamente esta ruta de peregrinación, coincidiendo con el crecimiento y la expansión económica que se producen en toda Europa.
Yo hice el camino de Santiago con 14 años, en una peregrinación organizada por mi colegio. Éramos un grupo de unos 40 chicos y chicas de diferentes partes de España acompañados por varios monitores. Esta ha sido una de las experiencias que nunca podré olvidar. Estoy segura que es una experiencia enriquecedora para todas las personas que lo hacen. No es sólo una ruta de senderismo como tantas otras, no es sólo el espíritu de superación, ni el compañerismo. En el camino de Santiago hay algo más. Es la meta. No se llega a cualquier sitio, a la cima de una montaña alta o a un gran paraje natural. Se llega a una catedral a la catedral de Santiago, donde rezarás delante del apóstol y le agradecerás la experiencia vivida durante esos días.
Recuerdo como en esos días consigues olvidarte de tu propio cansancio o de tus propias necesidades para ayudar al otro. Puede que te doliese mucho la espalda por el peso de tu mochila, pero si veías a uno de tus amigos peor que tú, le ayudabas a cargar con la suya. O a lo mejor tu ibas muy bien, y tenías ganas de llegar al albergue, pero tú amigo estaba cansado, y te sentabas a descansar con él.
Igual de enriquecedora es la oportunidad de concoer gente de todas las partes del mundo, con distinta cultura que tú, distintas creencias, distintas inquietudes... pero todos tienen algo en común, son peregrinos. Y dices eso de "buen camino" a todos ellos.
Nunca olvidaré la sensación que tuve, cuando en el monte del Gozo contemplé unos instantes la Catedral. No era la primera vez que iba a Santiago, ni la primera vez que veía esa catedral. Pero esta vez era diferente. Había llegado andadndo, era un peregrina, y el llegar allí era el final de una etapa, era la última etapa.
Sin dudarlo dos veces, si tengo la oportunidad de volver a hacerlo, lo haría.

