
He de reconocer que cuando vi esta pintura de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina la primera vez, me decepcionó un poco. Supongo que fue porque me pareció muy pequeño. Aún así es una pintura que me impresiona y me llena de ilusión. Es bonito pensar en que con cada uno de nosotros Dios hace eso, pone su dedo sobre el nuestro para darnos la vida, para darnos su vida. Me hace pensar en lo afortunados que somos, al sabernos Hijos de Dios, tocados directamente por Él. Tengo la sensación que tiene que ser dificil vivir pensando que estás en el mundo de casualidad, que nadie te eligió, que nadie pensó en tí y por eso quiso ponerte en el mundo.
Por eso me siento afortunada al saber que Dios ha puesto su dedo sobre el mio cuando me creó. Y además saber que estoy hecha a su imagen y semajanza.
En esta escena pintada por el artista italiano, se puede contemplar a Dios emergiendo del cais confuso previo a Su Palabra, para separar las aguas de las tierras y de este modo crear el mundo por la sola acción del verbo.
Sin embargo, Miguel Ángel traduce el efecto de la palabra en un gesto poderoso, en el que Dios separa ambas manos, cada una de ellas recipientes de poder, como si fueran dos mundos opuestos que han de ser arrojados cada uno a un lado del universo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario